
La primera vez que escuché a Calamaro fue por ahí de 1991, cuando un primo regresó de un viaje por España y me trajo un disco. “Son los que eran Tequila pero con otro vocalista” (Tequila era un grupo juvenil de rock&roll que conocí de esa misma manera y que llegó a influir toda mi infancia-adolescencia). Ese disco era de Los Rodríguez y se llamaba Buena Suerte. La canción que más me gustaba era “A los ojos” y la “dedicaba” en mis ideas y a través de mi walkman, a aquellos que me volvían loco por sólo haberme mirado.
Había algo especial en todo eso, porque la banda era totalmente desconocida en México (misma situación que me pasó con Tequila años atrás). Si alguien de la secundaria me preguntaba por lo que estaba escuchando me ponía nervioso que seguramente, al oir rock en español y música “extraña” se burlarían de mí. Eran las épocas en que para ser un “melómano in” tenías que oir a Robert Plant, a Bon Jovi, UB40 o a Rick Astley.
A partir de ahí, de una u otra forma, las canciones de Los Rodríguez (y después de Andrés Calamaro) me ayudaban a vivir. Me costaba mucho trabajo conseguir los discos y con el tiempo disruté muchísimo que nadie mas que yo (y más tarde otros amigos sensibles) tuviera el privilegio de conocerlos.
Siempre había una canción, una frase que podía ponerme encima, como si yo la hubiera escrito en mi cuarto una noche solitaria (como todas).
Los del Calamaro solista fueron los discos banda sonora cuando empece a vivir solo (Alta Suciedad, Honestidad Brutal); y hasta que vino El Salmón y Calamaro se deprimió (o se sintió "Supermán, o satán o satán..."), yo dejé de sentir su música como mía, pasaron Radio Salmón Vaticano, El Cantante, Tinta Roja y el Palacio de las Flores, mientras yo buscaba desesperado alguien más que me ayudara. “¿Será que perdí a Calamaro o crecí y ya no soy tan entusiasta como antes?”, pensaba. Busqué sustitutos, sí los había pero no los sentía tan íntimamente "míos" (Los Tres, Ariel Rot, Sabina, La Cabra Mecánica y, como siempre, los Stones).
Daba por perdidos a “mis Rodríguez” a “mi Calamaro”, justo en el tiempo que empezó a ser conocido en México y a captar algunos fans: ¿Dónde estaban esos cabrones cuando hacía sus mejores canciones? Seguramente escuchando a Four non blondes y descalificando todo lo que fuera en castellano, menos a los Héroes del Silencio.
A la fecha nunca lo pude ver en un concierto, ni aunque pasé por España, Chile y Argentina con esa esperanza. Al respecto también ya me había desencantado. Esta semana me topé con La Lengua Popular y volví sentir la emoción de mi adolescencia de cuando me compraba uno de sus discos y se me ponía la piel de gallina. Volvió. Lo único es que esta vez la parte lírica no me identifica mucho, pero me pone de buenas y recobré la esperanza de verlo en vivo y… sí, también si pudiera mataría por cinco minutos más. Viva Calamaro.
Calamaro siempre me ha entretenido aunque nunca me ha vulto loco. Era un tipo de música que me encantaba para conducir pero que nunca ponía en casa.
ResponderEliminarY ese disco no lo he escuchado. Ahora mismo lo pruebo a ver como suena.
Un beso (a tus raices)
jaja a mi me pilla un poco a desepoca pero los escucharé y ya contaré k tal... un beso
ResponderEliminar