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sábado, octubre 09, 2010

---plantón




Estamos en una plaza cualquiera, de la ciudad blanca, de Mérida. Hace un dia hermoso, como los anteriores, con un sol castigador y cielo azulisimo, sin nubes. La plaza esta vacía, este viernes todo esta tranquilo, quizá por que aún es temprano y por que es mitad de quincena y no hay pa gastar. Hay un hombre en una banca frente al kiosko, viste unos pantalones color beige, una playera blanca de letras negras: i *corazoncito* los tacos, una mochila azul que cruza su espalda, esta a mitad de banca sentado, a su lado esta un arreglo de flores, la mayoria violetas envueltas en albanene. Ve con calma a su alredor, parece estar esperando a alguien, pero no hay nadie. Su unica compañía son las seños que venden jicaletas, que es jicamas con chamoy y tajin. El hombre se le antoja, pero no puede comer nada, por que seguro, después comerá algo.

Pasan las horas, lo bueno es que trae consigo musica y un libro. Lee con calma algo de León Portilla, aunque le aburre, preeriria algo de misterio

Suspira a ver su ramo de violetas a su lado, solitarias como el mismo, suspira más al saberse hambriento. Ha pasado dos hora y 40 minutos y nada.

Nada.

Sonrisa triste, por algun motivo razón sabe que iba a pasar aquello, deseaba equivocarse, pero la experiencia habla, lo sabe y nisiquiera hay que enojarse o entristecerse. Le da risa la propia imagen de si mismo, tan lastimosa, un hombre con un ramo de flores esperando y esperando.

Se levanta y camina, pasa junto a una señora que vende alitas de pollo asadas con salsa barbicue y jugo magui, se compra unas 6 alitas por 5 pesos, y saben a gloria. En una esquina venden libros y se compra la edición a color de Como Agua para chocolate de Laura Esquivel. Abre el libro, justo en la pagina 53, receta: cordonices en petalos de rosa, manera de hacerse: se desprenden con mucho cuidado los pétalos de rosas, procurando no pincharse los dedos, pues aparte de que es muy doloroso (el piquete) los ptalos pueden quedar impregnados de sangre y esto, aparte de alterar el sabor del pl+atillo, pueden provocar reacciones quimicas, por demás peligrosas, Pero Tita era incápaz de recordar ese pequeño detalle ante la inmensa emoción que experimentaba al recibir un ramo de flores, de manos de Pedro....

Ese libro le recuerda al *kero* y sonrie, ojala se la este pasando genial en jalapa. A el si, pura rosas y copihues, aunque tuviera que ir a Chile por ellas. *Ojala el mund tenga rosas*, puf, referencias aqui y aculla. El sonreir provoca dolor, por los braquets. Ahora si que sonrie con dolor.

Aprovecha pa comprar cosas para Marcela, unos aretes que le irán hermosos y su hija, un libro de colorear de scooby doo. Asi su plantada, su monumental y patetica plantada, tuviera algun sentido.

No esta triste ni enojado, lo valioso, fue la emoción y nervios antes. Aun se puede emocionar, aun hay esperanza. Quizá algun día...tenga una cita, normal.

Le duele más el codo que el orgullo, no quiere tirar el ramo de flores a la basura, mejor, que esten en el centro de la sala. Lo que más le duele, es que, aunque iba en plan romántico...también es que ya habia pagado la habitacion 12 del hotel.

Lastima.

viernes, mayo 14, 2010

~~Tierra mojada~~



De regreso a casa, llovio y al no tener paraguas me bati todo. A mi me gusta la lluvia por que después huele a tierra mojada. Saliendo del job para tomar mi guagua hago caminando 20 minutos, así que por todo ese tiempo me deleite por que todo el ambiente estaba impregnado del delicioso y característico aroma, pero no veía mucha tierra, más cemento y chapopote que otra cosa, así que decidí que tal vez por mi trabajo había demasiado pavimento y tomé la guagua que me llevaría a zonas más tierrosas y por ende olorosas. Es decir mi pueblo.

Por cierto, siempre quise decir guagua. Así que esta semana no tomaré micros, sino guaguas. Debo confesar que la palabrita me cae gorda y me disgusta sobremanera, pero a veces me gusta hacer cosas que me caen gordas nomás por ver que se siente y hacerme desesperar. Lo bueno que cerca de donde me bajo del guagua es una zona arenosa-tierrosa, así que cual perro me incliné a oler el suelo. Me olió a pasto y cochinilla, pero no a ese penetrante aroma que embargaba mis tiernos pulmones de fumador pasivo.

La lluvia era de esa que cae en gotas grandes, gruesas, esas que duelen al pegar en el cuerpo y que cuando dan en la cabeza llegan hasta el cuero, esa lluvia que no es copiosa, pero si intensa y deja en el suelo grandes lamparones, pero casi no forma charcos. Ahora que lo pienso es el tipo de lluvia que trae el olor a tierra mojada. Cada que recuerdo ese aroma, también imagino las grandes gotas en el suelo.

Tal vez no es que huela a tierra , sino que cada estilo de lluvia viene con un perfume y debemos identificarlos. Huele a llovizna, chubasco, aguacero, chipi chipi, chaparrón o tempestad. Y por andar oliendo lluvia se me hizo tarde y yo que tengo tanto que leer.

Por cierto, también me agrada el olor a libros, de esos amarillentos que prestan en las bibliotecas, mi tio que trabajaba en la librería me advertía severamente en no estar oliendo libros amarillos viejos por que "tus pulmones luego te pasaran factura". Luego se iba y yo olisqueaba felizmente todos los libros amarillentos que vendía.

Y yo echandole la culpa al cigarro, de esta tos.





sábado, marzo 21, 2009

Aichs

 Me choca que se vayan como si nada hubiese existido; nada más fácil que irse; como la muerte, simplemente ocurre o se comete, sin gracia ni esfuerzo. Hay algunos que se van por circunstancias; después, siempre vuelven. Y de los que parten por pie...

No entiendo nada
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