Después de que lo llamaran no tardo absolutamente nada en empacar sus cosas e irse. De Chetumal al pueblo de Valladolid eran cierta cantidad de horas de camino y el había hecho lo menos posible. Presuroso llegó al hospital donde ella estaba internada y fue cuando la vio cuando sus músculos se relajaron. Al entrar, ella se sobresaltó tanto como si hubiera visto un fantasma. ¿qué haces tu aquí?, le pregunto tartamudeando, balbuceando; todo junto. Francisco agitado, aun jadeando por la corretiza que hizo, no pudo más que sonreír y suspirar. Marcela estuvo tentada a pedirle que se fuera, por la malas si fuera necesario; hacer todo una escena, gritar como se hubiera encontrado con Jack el destripador Pero aún se sentía débil y adolorida, su garganta estaba seca por la sonda y, aparte, el ya se había acomodado en el sofá frete a su cama y ahora la miraba fijamente; quería hablar, pero ella no. Se sumieron en un incomodo silencio, ambos eran tercos, orgullosos..¿quien se rendiría primero?. Nunca supo cuanto tiempo había pasado, eran de aquellos lugares donde no había forma de saber cuanto tiempo ha pasado, el silencio de esos que crecen canas a traición, ella durmió por un tiempo, vino el médico a hablar con el, salió y ellos dos, los maridos, siguieron sin hablar; harta de la nada se dio por vencida…pero no por eso dejaría de atacar; ¿bebiste verdad?; hubo un énfasis agudo y crispado en su voz; el la miro un momento en silencio para después suspirar y sonreír mientras que, con fingida despreocupación se encogía de hombros. Marcela odiaba aquella sonrisa entre burlona y conformista; son de esas actitudes que no podía soportar ver en nadie, mucho menos en él.
Volvieron a hundirse en el mar silencioso de fingida indiferencia. Ahora fue Francisco el que rompió el silencio ¿Cómo estás?. Marcela se le quedo mirando, tratando de captar en su tono algún atismo de tristeza, resentimiento o enojo, solo estaba aquel hombre de sonrisa rota y mirada apagada, lo cual había afirmado lo que ella había preguntado antes. Había vuelto a beber. Una punzada de culpabilidad la invadió, lo cual se convirtió en enojo. ¿Cómo voy a estar?. Jodida.
Francisco hizo una mueca de molestía, ella sabia como le efectaba que le alzaran el tono de voz, su naturaleza era contraatacar con un tono más alzado, pero con ella el se contenía; para distraerse decidió desviar su mirada hacía el muro blanco del hospital, como si lo encontrara fascinante. Silencio.
Segundo acto.
Pareciera mentira, pero Francisco había envejecido. Lo peor es que se comportaba como alguien de edad mayor a lo que realmente tenía. ¿Qué has hecho? Le preguntó. Sobrevivir. ¿estás trabajando? Si.
Poseía en el rostro marcas que solo poseen los hombres que gan vivido en constante desgracia. Ella estaba segura que su vida podría venderse facimente para alguna telenovela. Ahora sin preguntarle, podía suponer en que trabajaba últimamente, algo en que tuviera la mente ocupada pero sin necesidad de que fuera ella la protagonista, algún trabajo físico que le agotara lo suficiente para llegar a dormir. Al fin de cuentas, Pancho no era alguien muy complicado de entender, en épocas difíciles necesitaba mantenerse ocupado y así olvidar lo que le estuviera molestando, cuando le era imposible olvidar, se frustraba y la frustración le llevaba a beber. Un ciclo vicioso que le era imposible romper. A ella le enfurecía verle así, más por que todavía osaba por preguntar por su niña; solo fue ese momento y no antes cuando se le pudo notar la desesperación que le asfixiaba. Pregunta por ti todo el tiempo, te extraña. Un crucis de dolor paso por su cuello, nisiquiera el era capaz de ver lo que ella veía,// yo también. Siempre fingiendo fortaleza. Tuve que inscribirle a una guardería, pero dicen que esta lista ya para el kínder…oh, ya tan rápido, pregunto, se ve contenta a lado de otros niños. Me imagino. Hace unos dibujos divinos. Que divina. Mariposas, la casa, tu, yo. Su mundo ya sabes.Bueno si no quieres hablar . Estos escuchándote. Te extraña mucho. Yo también.
Silencio.
Ahora era panch quien se sintió intimidado bajo su mirada. Finalmente, incomodo pregunto. ¿qué?. Nada…pienso. ¿en qué?. En lo que te has convertido. No creo ue en algo diferente a lo que haya sido antes y seré y seguiré siendo. Cierto, pienso que te convertiste en un girasol marchito, antes por lo menos eran un girasol sano. A mi me cagan las personas girasol que necesitan luz ajena para sobrevivir. Todas las plantas necesitan luz solar, unas más que otras, no se por que te enfada que lo sea. Pero los girasoles le siguen a todas partes, rigen sus vidas a trasvés de su trayectoria hasta eso.
Sanes, no aguanto que lo seas, por que tu no eras así, cuando te conocí-
Cuando me viste, no conocías nada de mi. Creeme nada ha cambiado en mi.
Por eso estamos como estamos, que acaso no puedes hacer nada por ti mismo, para ti mismo, tienes que depender de las personas para vivir. No tienes nada de dignidad?
Pancho sonrió, con humor. Lo entendió todo. El, jamas vería por si mismo. El necesitaba algo en que depositarse. No tenia otro proposito en la vida, ninguno más.
Y lo odio mas.
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tontean