Mostrando entradas con la etiqueta infancia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta infancia. Mostrar todas las entradas

lunes, junio 13, 2011

++SeXO_O++


Se lo prometí a Adri, así que ahí va, te lo dedico :3-

Dicen que lo prohibido es lo deseado, así que puedo decir que mis padres fueron quienes avivaron mi capacidad de deseo, pues en mi casa todo estaba prohibido. Mis hermanos y yo nos limitamos a leer las travesuras que nos hubiera gustado hacer. Como la mayoría de los objetos que poblaban la casa eran intocables o estaban escondidos, nuestra fraternidad se estrechó en vínculos peligrosos: el del secreto, la complicidad y la imaginación.

Nuestro primer gran delito fue la violación del cajón prohibido de mi padre. Encontramos una pistola, y unos extraños arreos. Lo pagamos con una noche de pesadillas, un arma de "deveris" era suficiente para excitar nuestro morbo y, sobre todo, para convencernos de que un desconocido simulaba inocencia, pero seguramente era un ser maligno y capaz de crueldades insospechadas. Enloquecidas mandíbulas y esqueletos de animales revoloteraron en mi mente durante semanas.

Cuando tuve diez años y mi hermano, doce, la curiosidad se empezó a aliar con las hormonas. Por fatal coincidencia o por suerte o destino -que no son iguales, aunque se parezcan- mi hermano y yo presenciamos la compra de una pequeña caja que ocupó nuestras conversaciones durante un tiempo. Era un VHS, El amante. Ni más ni menos.

Podría decir que esa fue mi primera pornografía, a pesar de que nunca vi esa película. Lo fue porque mi hermano y yo dedicamos horas a buscarla, pues mi madre la escondia; una vez hallada, leímos la sinopsis una y otra vez, y la devolvíamos siempre a su escondite, para evitar ser descubiertos. Aunque la breve reseña al reverso de la película no me decía nada y la foto de la portada -el retrato de una chica pálida y circunspecta- era aun menos elocuente, lo auténticamente excitante, erótico y pornográfico, era complementar la visión del secreto a partir de la prohibición. Con mis diez años y mi torrente hormonal pubertal, logré imaginar escenas que no he visto nunca, que no he vivido nunca, que no sé si toleraría si alcanzaran concreción. Las imaginé y me las relaté, después a los compañeros de la primaria. Cuando preguntaban de dónde sacaba yo eso, les explicaba que de una película que tenía mi mamá. Cuando ella iba por mí y por Bella y Adrían, se veía rodeada de risitas incomprensibles y sonrojadas, y yo me sentía culpable a medias, pero satisfecho también.

Después el sexo se volvió gráfico, y luego sonoro, y luego táctil. El sexo se volvió una vivencia o una travesura. El sexo se convirtió en las fotos de los penes de mis compañeritos de secundaria, que competían para ver quién lo tenía más grande. El sexo fue también la primera vez que alguien metió su lengua en mi boca, o cuando sentí en mis manos un calientito miembro ajeno al mio. Fue la sobajeada en mis nalgas en un laboratorio de quimica. El sexo fue un cuarto cerrado, una ventana abierta, un par de cicatrices. El sexo fue la luna y la voracidad. El sexo fue los libros de Sade, las borracheras del cuartel de rotos, un coche afuera de mi trabajo, un cigarro que se fuma y se gime. Fue eso y las películas francesas y las portadas de revistas que uno, al andar por el centro, no puede evitar ver. El sexo fue amor y fue ternura. FuE necesidad y urgencia.

Pero el sexo no ha vuelto a ser, (no ha sido hasta ahora ) la violencia, la ansiedad, la perversión y la extrañeza con la que se proyectaba el contenido de una cajita negra en la imaginación de mis ya lujuriosos diez años.

jueves, abril 29, 2010

**Solla Sollew**


No hay cosa que me guste más en la vida que esas bancas techadas a mitad de la carretera para esperar el camión. Aunque es largo el camino que recorro de mi casa al trabajo y viceversa, no cambiaría ese gusto de ver el camino y esperar el camión en esas bancas techadas tan marcadas y deterioradas.

Cuando era niño, el mejor premio que se podía ganar alguien por portarse bien era llevarse a casa un libro del Dr. Seuss, I had a trouble in getting to Solla Sollew. ¿lo conocen?. Es muy dulce.

Imaginen nomás!, un día enterito, todo tuyo, para leerlo, para tenerlo. (de todo el ciclo escolar, orgullosamente me lo lleve a casa dos veces, otros niños unas 9, pero en esa época no era comprendido XD, también me llevaba con cierto morbo el de grandes catástrofes de la humanidad, pero esa es otra historia.)

En el libro había un monito manipeludo que, harto de la complicación, decidía dejarlo todo para viajar a Solla Sollew, el lugar donde no existen los problemas, pero veía que el camino para llegar era más difícil que la vida misma.

(como la vida misma)

Al final había una moraleja, claro está.

El libro lo olvidé al salir de ahí. Hace poco me lo reencontré buscando alguno de pepina oruga (más solo encontré la versión más reciente de Katy, la oruga).

Han tenido reencuentros así. ¿Recuerdan la pelicula de Amelié?, pues esa misma sensación me provocó, tenerlo se sintió como recuperar algo importante, un tesoro. Fue bonito pues. El único recuerdo de lo entonces leído, me doy cuenta ya que lo puedo releer, fueron partes encimadas que se concretaban en un momento en el que el monito, después de caminar largamente bajo la lluvia, llegaba hasta una de esas paradas de autobús a mitad del camino y esperaba y esperaba y esperaba y esperaba (fue la leccion tremenda, "aveces el bus no viene por nosotros", aveces el bus nunca llega. A veces es mejor caminar) y entonces se hacía de noche.

Solo y con miedo se quedaba dormido y soñaba que iba a un granero con almohadas suaves como bombones donde podía guarecerse del frío y la tragedia.

Qué felicidad encontrarlo, qué recompensa de todo el drama llegar a un lugar así para descansar.

La imagen era hermosa (para qué redescribir lo que ya fue bellamente descrito):

Then I dreamed I was sleeping on billowy billows / of soft silk and satin marshmallow-stuffed pillows. / I dreamed I was sleeping in Solla Sollew / on the banks of the beautiful River Wah-Hoo / where they never have troubles. At least, very few.

Por eso no hay nada que me guste más en la vida que esas bancas techadas a mitad de la carretera para esperar el camión.

Hoy vi muchas y me emocioné, como entonces, como después, como ahora otra vez, porque todo lo que de rosa hay en mí (nadie ha dicho que sea poco) cree que está un Solla Sollew esperando para ser, como el libro hace años y años, (aunque dure sólo un día, aunque sea rato de sueño) toditito para mí.


Me gustan esas paradas más que nada en la vida porque pienso que podría cualquier día de estos caminar en la lluvia y sentarme a esperar ahí. (Lo único que queda por hacer. Lo que se debería haber hecho siempre.)







But I’ve bought a big bat.
I’m all ready, you see.
Now my troubles are going
to have troubles with me!







Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...