Mostrando entradas con la etiqueta no solo son mamadas las que se escriben. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta no solo son mamadas las que se escriben. Mostrar todas las entradas

lunes, abril 12, 2010

La densidad de las palabras.+++



Hoy tuve mi primer examen de etimología y se me ha quedado grabado una palabra: Fatuo - Infatuación.

Según la wikipedia. La infatuación es el estado caracterizado por el dejarse llevar por una pasión irracional, tratándose de un amor adictivo. La infatuación ocurre normalmente al inicio de una relación amorosa. La misma está caracterizada por: urgencia, intensidad, deseo sexual y/o ansiedad, donde hay una extrema absorción del uno con el otro. Se le asocia comúnmente con la juventud.

No quería hacerlo, pero asocie las ideas. Sin evitarlo pensé en mis antiguas relaciones destructivas, que tanto tantisimo daño me han hecho. Pero volviendo, el origen de esa palabra es muy interesante, todo como una cadenita que da origen a.

Orimero encontramos al verbo latino fari, “hablar, decir”, emparentado con el griego femi (del cual deriva fama, “aquello de lo que se habla”), la cual procede la palabra fatum: que en principio significaba “lo dicho”, luego pasó a indicar “lo predicho, el vaticinio, la profecía”, y por último indicó “aquello que se ha predicho, vaticinado, profetizado”; es decir, el destino, el hado.


El que pronunciaba el fatum, el vaticinio, era el fatuus, es decir, el adivino. Y como suele suceder, a veces acertaba y a veces no, y cuando alguien se mostraba suspicaz con sus profecías, o le reprochase que no se hubiesen cumplido en el pasado, el fatuus (o sea, el fatuo) desplegaba toda su arrogancia y le recordaba que él y sólo él era quien sabía interpretar el designio de los dioses. De modo que fatuo empezó pronto a tomar su significado actual: presuntuoso, vanidoso, que se jacta de quien es y lo que dice.


No obstante, como a pesar de su arrogancia las profecías del fatuo seguían fallando, la palabra tomó un nuevo significado: no sólo presume, sino que presume de lo que no es, de lo que no tiene y de lo que no sabe. Una jactancia infundada y ridícula, un necio que sólo produce risa y desprecio ajeno.


Pero el fatuo no se cae de la burra. Ya no sólo proclama que él es un auténtico adivino, el intérprete de la voluntad de los dioses, sino que además se lo cree. El profeta se convierte en un orate, un loco que clama en el desierto, un enajenado esquizoide y paranoico. Vive en su mundo de fantasía, está convencido de lo que dice y de la maldad de los demás por no creerle, y no hay forma de que entre en razón. Así, fatuo adquirió un nuevo significado: alguien falto de razón y entendimiento, alguien que ha perdido por completo el juicio.


Y es aquí donde los ingleses dan un nuevo significado a infatuarse, es decir, volverse fatuo: el fatuo no es sólo el presuntuoso, el necio, el charlatán que no sabe de lo que habla. Es también alguien que se ha vuelto completamente idiota por sus propias obsesiones y fantasías, vive en un mundo de ilusión y no quiere salir de él, no hay forma de que vea la realidad.

Y el caso más paradigmático es el enamoramiento ciego, la pasión arrebatada por alguien a quien adornamos de las mayores alabanzas, y a quien no podemos olvidar por más que veamos que no nos corresponde, o que nos desprecia, o que nos humilla, o que nos trata de la forma más cruel y rastrera que podamos imaginar. Nada de eso importa al fatuo, al infatuado, que sólo ve lo que quiere ver, completamente fascinado por esa luz difusa y móvil, ese fuego fatuo que sólo él distingue en el objeto de su pasión, y a quien sigue obnubilado hasta caer en el cementerio.



lunes, junio 30, 2008

Fantansias y otros demonios


John Tolkien dijo que la "Fantasía es un terreno peligroso", lo detesto por que tiene razón. La verdad es que de entre todos los parajes fantásticos que podamos recorrer, ningunos serán tan temibles como los que brotan y se extienden sobre el propio interior. ¿no?. Pues si bien solemos cultivar pequeños paraísos, también albergamos ciénagas y levantamos mansiones tenebrosas piedra por piedra.

Todo esto habita en la fantasía por breve o largo rato, la cual no cesa en su labor de gestar imágenes; aun cuando crecemos y fingimos que no existe, que no tiene importancia, que ya estamos grandecitos.

No es que ahora me crea el heredero de un reino subterráneo, ni que tenga por refugio un laberinto infestado de creaturas diminutas --si bien mi apartamento se parece un poco a esto--, pero no dejo de pensar que deje muy tarde a los elfos y los dragones, aveces pienso que no me dieron el chance salir de mi cueva. Quizá, no sé, ahora tendría una vida más útil y productiva, como la de un médico, un contador o un ejecutivo bancario.

Luego pienso que es muy comodo este lugar, que no es muy diferente de afuera. Cuando se tiene edad suficiente para dejar de lado a las hadas, se fantasea con liderazgo, posición social y tarjetas de crédito. Salimos de un mundo presuntamente irreal para ingresar a otro igual de frágil y evanescente, al que tal vez asimos con las manos, pero sobre todo con las esperanzas y el deseo.

No importa, pues, si crecí anhelando ser el rey de los abismos. En nada me distingo del que soñó con ser director de telecomunicaciones. Los dos nos movemos por el impulso de fantasmas que difieren en forma, pero no en esencia.

Total, pienso que, al final del día, el ser humano viene a definirse como el animal que fantasea, la única creatura que debe inventarse motivos para vivir, porque su hacedor fue tan cruel o tan sabio como para no darle uno.

El muy cabron
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...