Desde la burda concepción que se tiene de lo que debe ser un niño, sus
hermanos lo molestaban llamándole marica porque prefería pintar que jugar, o
llorar antes que devolver los golpes.
Lo recuerdo con
los flacos y largos brazos tendidos hacia adelante para mantener alejado de su
cabeza a su hermano. Con las lágrimas escurriendo por su cara, mientras Adrián, tres
años menor, exhibía entre las manos crispadas un mechón de pelos de Francisco.
Yo que fui la mayor de cinco hermanos varones tal vez no te extrañe que le dijera: —Jálale el pelo tú también.
Jálaselo—.
Y él, a pesar de sus lágrimas respondía — No puedo mamá, no
puedo. Es que le va a doler, le va a doler—.
Imagínate el bello cuadro, yo
empeñada en aniquilar su bondad, sólo para que entrara dentro de la concepción
de lo que en mí influenciada cabeza, tenía que ser un varón: Vengativo, áspero,
poco compasivo.
Y esa fue mi actitud permanente, creyendo prepararlo
para la vida, lo instaba a defenderse; a devolver golpe por golpe, no importaba
que fuera en contra de Adrián, su hermano menor, que dicho sea de paso, no respetaba
edad ni tamaño.
Aún así no pude, torcer la tolerante y prudente bondad de
Francisco.
Pasaron los años, hasta que un día yendo de camino a la
costa, después de horas en las que Adrián lo fastidió en el espacio cerrado de
nuestro carro, sucede que por fin lo hartó. Si lo hartó — entonces se volvió
hacia él tranquilamente— y en respuesta a la última provocación, le plantó un
golpe en la cara, contundente, diestro y seco.
Un solo golpe, que dejó
atónito, tanto al benjamín como a todos, a mí especialmente. El abusivo de todos
los días, lanzó un alarido y cuando aquel iba a protestar, yo le apreté la
pierna discretamente y entendió.
Mi pequeñito siguió llorando cada vez más
quedito durante un buen rato, mientras Francisco mi artista, miraba fijo por la
ventana a un punto que sólo él conocía, sumido en sus ensoñaciones. Nada se
dijo, pero como consecuencia de este episodio lo dejamos de molestar.
Ahora sé que con mi actitud hice su
vida difícil, no se todavía si supo asimilarlo y comprendió mis razones, no se
si lo ayudé o lo perjudiqué.
[............]
Siempre fue retraído, encerrado en si mismo, hay
mucho de si que nunca mostró a los demás, y yo lo entiendo a la perfección,
porque fui forzada a vivir de puertas abiertas, sin respeto a mi intimidad y aún
así logré mantener un espacio inaccesible al que yo misma tardaba en penetrar.
Siempre me dolio su soledad. Presiento luchas y oscuridad dentro de sí y
también a su alrededor, siempre tuve ese tipo de presentimientos acerca de él.
[..........].
Qué linda historia... y enseña mucho!
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