martes, agosto 14, 2012
Dueles y duelo.
me duele y me duelo.
Me sugirieron envolverte en luz. juro que lo trato . lo seguire tratando.
Pero me duele
y me dduelo.
Mi hermana Bella se petatió, estúpidamente se murió. Y yo ya me lo olía, confieso. Desde que me dijo mi hermano Adrian, tenía el presentimiento que ya, adios. Pero hoy me enteré y ante ello....
me duele
y me duelo
No sé si esta bien escrito o no. no sé. no me importa. Apenitas hablando con angelo me salieron las lagrimas...pero le comentaba que era extra{a la sensación, que lo unico que venia a la mente era sabines, y decir en voz alta: haces bien en morirte...por que no hacías nada..por que nadie te hacía caso..."
Solo eso pensaba, no ahora que, como continua el poema : me he puesto a llorar como una niña, por que te moriste.
Quizá es que ya se habia muerto desde antes. quizá murió desde que mamá falleció, o desde que mi otro bro, el menor de todo, se matara.
me duele
me dueles
me duelo
tambien siento rabia, enojo, me da coraje, contra de ella. uisiera recordar algo sobre nosotros, en esa edad en que pues no habia problemas, ella que fue mi compañera de juegos y de travesuras. Algo bello...recordar su rostro sonriente y petulante por estar en la escolta. Pero se fugo el amor entre nosotros, quien sabe donde se fue....siento que lo lanzo por un precipicio y de ahi nunca se salvo.
Intente rescatarlo...intente rescatarla a ella . Me intente rescatar atraves de ella, y no pude. ahora, solo tengo enojo...y ando llorando y no puedo envolverla en luz...
mi sistá estuvo años en drogas, una vez lo conté aqui. en este blog cuando, por ella, me rendí ante la familia y la humanidad. falla renal, seun esto. pnesé que eso lo tendría yo. no sé. ademas era menor de edad que yo.¡Eso no tiene sentido, Marce tambien era menor que yo, nisiquiera llego a los 30´s! y tambien canek, y tambien...no tiene sentido.....vivo muertes sin sentido!. es que fui en mi vida anterior un asesino serial?
Me duele ,,,,,,,,,,,,¿por qué carajos y chinagdos debe doler?, .
me duele y me duelo.
ya le conteste a adri que no ire al funeral. Me dijo, *ya sé. me lo suponía*, y rompio a llorar. No me puedo serguir exponiendo asi con ellos, por que me duele y me duuelo...y no es justo pa nadie. Me siento un terrible hermano.
me duele chingaos.
no es que de pronto, que le quiera.
Pero no sé por que me he puesto asi.
ella nos tuvo a todos al pendiente. fue una basttarda egoista. ...me enoja...estoy llornado, y no sé por que siento tanto pesar...
me duele
y me duelo
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Cuanto lo siento...
ResponderEliminarNo hay palabras de consuelo, Pancho.
ResponderEliminarte mando un mega abrasote
Lo siento mucho Pancho.
ResponderEliminarTe mando un abrazo.
Lo siento tanto. Lo único que puedo entender es que si te duele es porque en algún momento hubo amor verdadero y como eso deja marca, hoy la marca te está doliendo. Un fuerte abrazo.
ResponderEliminarMi querido Pancho, te contare algo que no le digo a todos, Yo quería mucho a mi Abuela y sin embargo no fui ni a las misas ni al velatorio y muchísimo menos al entierro, lo último que quería es ver a mi Abuela muerta, se que es una especie de autoengaño, pero prefiero vivir con la idea de que mi abuela esta por ahí, en algún sitio viva, en mi cabeza aun esta la imagen de ella viva! Y así quiero que se quede hasta el fin de mis días. Yo creo que lo mejor es que te quedes con los recuerdos de tu hermana cuando estaba viva. Lo más seguro es que tu familia (como la mía) lo tomen a mal, pero tú sabes cuál es la verdad. Te envío un abrazo! Uno muy fuerte! Uno que te deje sentir el aprecio que tengo por ti!
ResponderEliminarPara Panchito,
ResponderEliminarPara B(ella)
Pero lo que hice fue quedarme en la cocina. Me distrajeron la pálida oscuridad, el zumbido del refrigerador y los frascos de especias para curar el dolor de cabeza, el insomnio y la mala suerte. Yo podía ser un cadáver empardado que prestaba oídos al simple trajín del vivir. Se me ocurrió que la muerte era una manera más distante de participar en la historia del mundo. La muerte podía ser esto: una presencia y ausencia simultáneas mientras tus amigos seguían charlando entre lámparas y muebles de alguien que no eras tú. Por vez primera en años noté la presencia de mi hermano. Sentí inconfundiblemente aquella determinación y aquél no sé qué suyos, el modo de ser de Carlton, que persistía después de que la voz, la carne y todas las demás consecuencias corporales se hubiesen ido. Lo sentí en aquella cocina tan seguramente como lo había sentido hacía años una tarde fría y blanca en el cementerio, cuando un brillante futuro relucía más allá de las lápidas, más allá de la curvatura de la Tierra. Está aquí, me dije, sabiendo que era verdad. Me había acostumbrado ya a no pensar en él, a hacer como si yo hubiese nacido en casa de Ned y Alice después de morir nuestro padre. Ahora pensé en todos ellos, muertos en Cleveland. En aquella época habría margaritas silvestres en sus tumbas, y dientes de león que se deshacían al soplarlos. Mi armónica, que había metido en el bolsillo del pecho de Carlton en la funeraria, se habría deslizado por entre sus costillas y habría ido a caer en las tablas del ataúd. Estaba viviendo mi futuro y también el futuro perdido de mi hermano. Lo representaba a él aquí como él me representaba allí, el algún otro sitio imposible de adivinar. Su traslado de la vida a la muerte podría parecerse a mi entrada en la cocina, una confusa nada de rumores nebulosos. Respiré aquel aire oscuro. Si yo tenía en aquel momento una sensación de muerte tranquila mientras mi corazón latía y mis pulmones seguían funcionando, él podía conocer una sensación de vida semejante en medio de su muerte actual. Fuera, en el patio, había un tendedero con ropa. Se columpiaban mangas de camisa vacías. Me daba cuenta de que, combinado con mi hermano –en nombre de ambos-, yo podría aspirar a una vida y un futuro sorprendentes. Podría alimentarlo a él en su otro mundo siendo a la vez él y yo en éste. Estuve en aquella cocina mientras Clare me daba la entrada una y otra vez. Veía a un vestido camisero blanco balancearse suavemente a seis plantas del suelo de cemento. Acabó viniendo a buscarme. Me dijo que si me encontraba bien, y le dije que sí, que estaba maravillosamente. Cuándo me preguntó qué ocurría, señalé sin mucha convicción la ropa colgada. Hizo un ruido con la lengua, pensando que lo mío era un simple ataque de timidez y me sacó de allí de la mano.
Una Casa en el Fin del Mundo
Michel Cunningham
El Aleph Editores; pags 173-174
(Con cierta angustia y después de platicar esa noche, cogí el libro que tanta afinidad me produce y sin dejar de sorprenderme encontré el pasaje anterior…)
gracias por sus comentarios...los amo
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