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jueves, junio 17, 2010

El resto es silencio.




los que somos tristes llegamos a tomar esa conciencia, entendemos que estamos solos, que todo lo que hagamos por dejar de sentirlo son sólo fiestas para cubrir el silencio. Sin embargo, yo, siendo triste y sabiéndome solo, tengo aún la esperanza puesta en, y es casi la seguridad de que, por justicia, tiene que haber algo más, aunque sea momentáneo, aunque sea de horas, brevísimo, fugaz, un instante terriblemente dulce donde no estemos solos, un instante de hablar, uno que valga por todo el tiempo de vacío, de descontextualización, de sentir que nunca nadie entendió nada. Tiene que haber, al menos la esperanza. Son cosas que te ayudan a vivir. ¿no?¿'no? *mirada suplicante*

El presente no lastima, se le vive y nada más, pero de pronto, en alguna tarde desocupada, caen sobre el pecho los recuerdos, lo aplastan, es verdad que algunas veces es más difícil respirar el aire de siempre, el de los días tan acostumbrados a pasar con naturalidad. Todo se detiene.

Es que, caray, no me alcanzan los brazos estirados para medir el dolor, no me alcanzan las palabras para lamentar tanto amor desperdiciado.

Es una lástima por la fe y las ganas de creer muertas y enterradas en tierra árida, donde ni los cadáveres florecerán.

Al volverlo a pensar, la idea, de tan triste, de tan inútil, me supera y me impide incluso los intentos por vengar todo lo dicho que demasiado pronto se descompuso, que no sirvió.

No me alcanza la tragedia para cubrir la imposibilidad de que por una vez algo sea verdad. Comprobar que valía la pena y que intentaran desmentirme era lo esperable. Que valiera la pena tantos pinches años. Pero no, ni eso. goodbye. Rosas.


Y tiendo mi luto sobre la honestidad, sobre la fe, sobre el amor, sobre las palabras burladas por la única verdad.

El resto es silencio.

Que estúpido soy, que tonto soy. que tonto que pendejo. Me estoy apunto de...

*crash*
...romper.

lunes, abril 21, 2008

*Silence*

En silencio. Conforme más se aisla, conforme se va haciendo menos necesario hablar (¿cuantos días ya, sin hablar con alguien?), más se ven las palabras como una cosa ajena, como separada de uno.

Entonces, por momentos, se preocupa uno por el destino de una vida que siempre ha querido vivirse en palabras, como palabras. Un self que era palabras, una vida que era palabras, una identidad construida en palabras, la vida como narración de uno mismo. Hablar, escribir, eso era la vida. Hablar con uno mismo, escribírse a uno mismo, hablarse, narrarse, eso era la vida.

(En realidad, hacer el amor era la vida, y todo lo demás era un vil simulacro de la vida)

Pero uno se va quedando solo, y se va quedando en silencio. De pronto se da uno cuenta de que no ha hablado en días, y las palabras son raras, ajenas.

Pero bueno, para llorar no necesita palabras, y extrañarte, saberte tan ahí, tan lejos, no necesita palabras.
Tu ausencia no necesita palabras. La vida, después de todo, la ausencia, la Vida, no necesita palabras


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