Otra vez la tubería se descompuso,lo sabía por que era el único sonido perceptible,cloc,cloc, cloc. Nada más, hasta los pinches grillos se habían callado. La niña dormía en los brazos de su madre ajena a todas las emociones contenidas. Nadie decía nada. Cloc cloc cloc. Ella lo miraba en silencio, esperando. Él, no despegaba la vista de sus manos, las cuales descansaban sobre sus rodillas. Cloc cloc.
Ella suspiró.
- Creo que deberías...-dejó la frase en el aire, no había necesidad de terminarla
- Si...lo sé -murmuro con voz ronca.
- O si prefieres que nosotras...
Él negó con la cabeza categoricamente.
Seguía viendo sus manos.
- Voy...
Alzo su mirada hacía la criatura de ya 3 años; no pudo evitar que sus ojos se llenaran otra vez de lagrimas. A ella ni siquiera la miro; no podía.
Se levanto casi con pereza y con pesados pasos se dirigió a su cuarto, en su camino piso una ardilla de peluche, sería la última vez, pensó.
-Adios - dijo una voz a su espalda...
-...- no obtuvo respuesta, se limito en silencio a recoger sus cosas e irse.
miércoles, octubre 08, 2008
sábado, agosto 23, 2008
Me gustan las historias sobre personas que se alejan. Hombres o mujeres que de pronto dan vuelta a la página, cierran un capítulo de sus vidas y abordan el primer autobús, avión, tren o barco; hacia cualquier parte y por tanto a ninguna.
Yo nunca he llegado muy lejos. No es que me queje, ni que desee alardear de mis fracasos. Simplemente sucede que acostumbro tejer lazos muy difíciles de desatar. Siempre hay una redacción más por entregar, un curso de maravillas o fantasmas qué concluir, una nueva declinación por aprender. Y entonces la salida se aplaza lo indecible.
Hace un año comencé a realizar viajes cortos a una ciudad cercana. Y desde el primer momento descubrí que después de los brazos que me reciben al llegar, amo el camino
Salir a veces muy de mañana, sintiendo que así se ganan minutos al inflexible tiempo. El sol apenas brilla y así no es difícil caminar a buen ritmo. E instantes después, a bordo del autobús, sentir que se avanza rumbo a otro amanecer. Dulce también es partir por la tarde, y dejar que el crepúsculo sea el espectáculo de ida. ¿Y qué decir de los días en que la lluvia acompañó el camino? Hasta hoy no he sido tan feliz como entonces.
Sin embargo, siempre vuelvo, y la historia de la parresía, las charlas sobre revenants se apoderan de nuevo de mi tiempo. Ocupaciones, reales e inventadas, se atan a mis pies, contienen mis pasos, calman mi prisa, y finalmente, me inyectan la creencia de que por ahora, este es mi sitio. Después de todo, no puedo irme sin más, y abandonar lo que cuido aquí con tanto celo.¿n0?
Y aun así, me gustan las historias de personas que se alejan. Hay cosas que me recuerdan que no hay mejor don que un paso ligero para llegar a donde se quiera (o se pueda). Pues algo es cierto, el mundo es un lugar mejor cuando en verdad parece que se mueve.
Yo nunca he llegado muy lejos. No es que me queje, ni que desee alardear de mis fracasos. Simplemente sucede que acostumbro tejer lazos muy difíciles de desatar. Siempre hay una redacción más por entregar, un curso de maravillas o fantasmas qué concluir, una nueva declinación por aprender. Y entonces la salida se aplaza lo indecible.
Hace un año comencé a realizar viajes cortos a una ciudad cercana. Y desde el primer momento descubrí que después de los brazos que me reciben al llegar, amo el camino
Salir a veces muy de mañana, sintiendo que así se ganan minutos al inflexible tiempo. El sol apenas brilla y así no es difícil caminar a buen ritmo. E instantes después, a bordo del autobús, sentir que se avanza rumbo a otro amanecer. Dulce también es partir por la tarde, y dejar que el crepúsculo sea el espectáculo de ida. ¿Y qué decir de los días en que la lluvia acompañó el camino? Hasta hoy no he sido tan feliz como entonces.
Sin embargo, siempre vuelvo, y la historia de la parresía, las charlas sobre revenants se apoderan de nuevo de mi tiempo. Ocupaciones, reales e inventadas, se atan a mis pies, contienen mis pasos, calman mi prisa, y finalmente, me inyectan la creencia de que por ahora, este es mi sitio. Después de todo, no puedo irme sin más, y abandonar lo que cuido aquí con tanto celo.¿n0?
Y aun así, me gustan las historias de personas que se alejan. Hay cosas que me recuerdan que no hay mejor don que un paso ligero para llegar a donde se quiera (o se pueda). Pues algo es cierto, el mundo es un lugar mejor cuando en verdad parece que se mueve.
lunes, agosto 18, 2008
de el solo me acuerdo de su olor
De el, de mi padre, no me acuerdo mucho. Se lo que se por anecdotas y por sensaciones que vivi, pero la imagen viene a mi distorcionada.
Ayer mientras comía me acorde de él.
Dicen que el olfato es el sentido mas antiguo con el que ser humano cuenta. Ahora casi no lo utilizamos y pocos prestan verdadera atención a lo que la nariz percibe y lo que los aromas nos pueden llegar a recordar.
A mi padre siempre lo recuerdo cuando olfateo el sudor-tierroso y agrio de los hombres (diria yo, olor a machooooOOo :P) combinado con el dulzon aroma de la naranja (se la robaba al arbol del señor que vivia en dos casas XD, cuentan)
Aveces se le daba la gana compartir sus naranjas con nosotros y la repartia en gajos que de tan aplastados teniamos que lamernos el sumo que se nos habia quedado en las manos y luego quedaríamos bien pegajosos
De postre en esta cocina economica en donde como me ha dado una naranja, le quito la cascara, la parto tan fuerte que el juguito ya se me embarro todo. Su olor, me recuerda a mi padre.
Ayer mientras comía me acorde de él.
Dicen que el olfato es el sentido mas antiguo con el que ser humano cuenta. Ahora casi no lo utilizamos y pocos prestan verdadera atención a lo que la nariz percibe y lo que los aromas nos pueden llegar a recordar.
A mi padre siempre lo recuerdo cuando olfateo el sudor-tierroso y agrio de los hombres (diria yo, olor a machooooOOo :P) combinado con el dulzon aroma de la naranja (se la robaba al arbol del señor que vivia en dos casas XD, cuentan)
Aveces se le daba la gana compartir sus naranjas con nosotros y la repartia en gajos que de tan aplastados teniamos que lamernos el sumo que se nos habia quedado en las manos y luego quedaríamos bien pegajosos
De postre en esta cocina economica en donde como me ha dado una naranja, le quito la cascara, la parto tan fuerte que el juguito ya se me embarro todo. Su olor, me recuerda a mi padre.
domingo, agosto 10, 2008
Reencuentros y exorcismos
Iba caminando a paso veloz, viendo hacía al frente sin realmente ver nada ni prestando atención a algo en particular; y así me la vivo en esta gran ciudad blanca que es Mérida. Creo que aprendí a sobrevivir en las ciudades de ese modo. En fin, con grandes zancadas y los brazos balanceandose a los lados me desconecto de mi alrededor, mis labios se mueven al son de un remix musical que solo esta en mi mente. Pasa entonces, un ligero golpe en la mano me hace volver a la realidad, sin embargo ni me detengo ni me volteó; aunque percibo claramente que a mi lado se han detenido en seco. En otro tiempo me abría volteado y echado bronca :¿que puto, que? fijate taradooo, que? que me miras.!? YIAAAAAAAAAAAA! *ataque feroz* (que bueno que ya soy civilizado -w-).
Bueno la cosa es que escucho voz que dijo:
¿Tigresito?
Doy como 4 pasos y me detengo. Giro la cabeza y ahí estaban los dos. Sin haberlos visto podria haberlos reconocido por el simple hecho del "tigresito".
tIGRESITO, Tigresito, Tigreton, ya saben el secreto del titulo de este blog, quien me otorgo aquel titulo...por que solo el, Adrian *alias el Pandis* se le ocurriría tal aberración.
Los recibo con un "que ondaaa" con todo y sonrisa.
"Igual de distraido que siempre, Tigresito" me dice.
Yo suelto la carcajada. Ellos también siguen igual que la última vez que los vi. Adrian medirá unos 1.95, y recuerdo que la primera vez que lo vi me clave de su extraña belleza, de eso hace 16 años. Extraña relación tuve con aquel "niño-genio" de la secundaria y posterior ambicioso-doctor en la madurez. A su lado, estaba Javier. El enfermero; mi némesis. De momento me pregunto si sería adecuado sonreírle a él también.
Pero lo hago sin reservas, sin pensarmelo y con un impulso feroz los abrazo efusivamente. Mientras intercambiamos preguntas y chismes varios, me pregunto internamente si hay en mi alguna pizca de resentimiento.
Nada.
Vuelvo a sonreír, divertido en como el destino juega de nuevo con nosotros; no sé, me parece curioso vernos después de tanto amor, de tanto odio, de tanta miel e hiel esparcida.
Los invito a platicar en un café cerca de la plaza principal. Noto como Javier se me queda viendo con cierta cautela. Y yo, pues no dejo de pensar que se ve guapisimo y que su mirada sigue igual de profunda; se que me busca algo de enojo, pero no. A Adrian lo noto cambiado...aun no sé en qué.
Nuestra historia es muy larga, pero trataré de resumirla lo más posible: Adrian fue mi primer amor pubertal. Bueno en general fue mi primer amor. Antes de que me cambiara la voz, antes de que me saliera pelos en el escroto, antes de perder la inocencia y la virginidad. Antes de todo estaba "El Pandis". Pero como apenitas eramos pendejos y jovenes, pus nunca se dió nada más que algunas miradas y algunas caricias leves, y bueno mi primer beso puto fue con el .
Que sorpresa nos dimos cuando nos vimos mutuamente, años despues de esa etapa inocente, en un antro gay. Yo en medio faje y el, timidamente tratando de pasar desapercibido. Como la vida es bien cabrona, empezamos a interesarnos en un acontecimiento tremendo para mi: la muerte de mi madre. Ahi, después de 14 años de autoexiio de mi tierra, encontre la salvación en aquel doctor que sanaria parte de mis dolores acumulados. Ahi fue donde todo empezó, o se estancó, quien sabe. Luego aparecería en escena Javier, el enfermero. Encantador, bromista y cuyo aroma siempre me recordaba a mi profesor de biologia.
Después de una huida improvisada a Villahermosa, el me confesaria su gusto por el enfermero. Despechado y lleno de rencor, le di bajón al mentado enfermero encantador quien, despues de algunos meses logró cautivarme atraves de inyecciones frecuentes...de narcoticos melosos para despues irse con la hermana de Adrian, quien volveria a mi para despues regresar con el enfermero javier y bueno...
Fue un triangulo amoroso de lo más intenso, enfermizo y cansado.
"Vivimos juntos..."
Helos aqui, despues de tanto merequetengue y circo. Woow, exclamo, ¿todo bien?. A ambos les brillan la mirada. Me alegro, el hostal de fantasmas y mostruos se ha estado vaciando poco a poco. El exorcismo funcionó. Soy libre!
¿Y tu, tigresito?¿como te va?
No le contesto, alzo la mano al cielo y hago una señal. "Yo estoy..."
Espero unos segundos cuando una pequeña de casi tres años se me lanza a las piernas.
"...de maravilla" respondo, aunque se ve, se me nota.
Bueno la cosa es que escucho voz que dijo:
¿Tigresito?
Doy como 4 pasos y me detengo. Giro la cabeza y ahí estaban los dos. Sin haberlos visto podria haberlos reconocido por el simple hecho del "tigresito".
tIGRESITO, Tigresito, Tigreton, ya saben el secreto del titulo de este blog, quien me otorgo aquel titulo...por que solo el, Adrian *alias el Pandis* se le ocurriría tal aberración.
Los recibo con un "que ondaaa" con todo y sonrisa.
"Igual de distraido que siempre, Tigresito" me dice.

Yo suelto la carcajada. Ellos también siguen igual que la última vez que los vi. Adrian medirá unos 1.95, y recuerdo que la primera vez que lo vi me clave de su extraña belleza, de eso hace 16 años. Extraña relación tuve con aquel "niño-genio" de la secundaria y posterior ambicioso-doctor en la madurez. A su lado, estaba Javier. El enfermero; mi némesis. De momento me pregunto si sería adecuado sonreírle a él también.
Pero lo hago sin reservas, sin pensarmelo y con un impulso feroz los abrazo efusivamente. Mientras intercambiamos preguntas y chismes varios, me pregunto internamente si hay en mi alguna pizca de resentimiento.
Nada.
Vuelvo a sonreír, divertido en como el destino juega de nuevo con nosotros; no sé, me parece curioso vernos después de tanto amor, de tanto odio, de tanta miel e hiel esparcida.
Los invito a platicar en un café cerca de la plaza principal. Noto como Javier se me queda viendo con cierta cautela. Y yo, pues no dejo de pensar que se ve guapisimo y que su mirada sigue igual de profunda; se que me busca algo de enojo, pero no. A Adrian lo noto cambiado...aun no sé en qué.
Nuestra historia es muy larga, pero trataré de resumirla lo más posible: Adrian fue mi primer amor pubertal. Bueno en general fue mi primer amor. Antes de que me cambiara la voz, antes de que me saliera pelos en el escroto, antes de perder la inocencia y la virginidad. Antes de todo estaba "El Pandis". Pero como apenitas eramos pendejos y jovenes, pus nunca se dió nada más que algunas miradas y algunas caricias leves, y bueno mi primer beso puto fue con el .
Que sorpresa nos dimos cuando nos vimos mutuamente, años despues de esa etapa inocente, en un antro gay. Yo en medio faje y el, timidamente tratando de pasar desapercibido. Como la vida es bien cabrona, empezamos a interesarnos en un acontecimiento tremendo para mi: la muerte de mi madre. Ahi, después de 14 años de autoexiio de mi tierra, encontre la salvación en aquel doctor que sanaria parte de mis dolores acumulados. Ahi fue donde todo empezó, o se estancó, quien sabe. Luego aparecería en escena Javier, el enfermero. Encantador, bromista y cuyo aroma siempre me recordaba a mi profesor de biologia.
Después de una huida improvisada a Villahermosa, el me confesaria su gusto por el enfermero. Despechado y lleno de rencor, le di bajón al mentado enfermero encantador quien, despues de algunos meses logró cautivarme atraves de inyecciones frecuentes...de narcoticos melosos para despues irse con la hermana de Adrian, quien volveria a mi para despues regresar con el enfermero javier y bueno...
Fue un triangulo amoroso de lo más intenso, enfermizo y cansado.
"Vivimos juntos..."
Helos aqui, despues de tanto merequetengue y circo. Woow, exclamo, ¿todo bien?. A ambos les brillan la mirada. Me alegro, el hostal de fantasmas y mostruos se ha estado vaciando poco a poco. El exorcismo funcionó. Soy libre!
¿Y tu, tigresito?¿como te va?
No le contesto, alzo la mano al cielo y hago una señal. "Yo estoy..."
Espero unos segundos cuando una pequeña de casi tres años se me lanza a las piernas.
"...de maravilla" respondo, aunque se ve, se me nota.
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